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A doña Blanca se le está saliendo el fondo gris.
Mala onda, porque yo tenía esperanza de que el trabajo de Blanca Alcalá fuera mejor que el del anterior alcalde poblano Doger. Pero me temo que mi esperanza y la de varios poblanos acabarán, como de costumbre, en el caño.
Resulta que, según lo dicho por uno de los miembros de su equipo de gobierno, “están estudiando si quitan o no el alcoholímetro”; ¿sabes por qué?, lector querido: “porque el índice de accidentes ha disminuido”. Entonces, según su impresionante lógica, lo que deberían hacer es quitar el alcoholímetro y aumentar la vigilancia…
O sea, darles chance a otros miembros de esta honorable corporación para que en lugar de que se ocupen en vigilar y evitar que te encueren en las calles, te balanceen o te roben el auto, mejor se dediquen a cazar borrachos… Además que, de seguro, los aparatitos oledores acabarán en la basura como acabaron las calcomanías para evitar el robo de automóviles, las cámaras para captar a los correlones, la cacería de vendedores ambulantes y los “franeleros”, etcétera, etcétera, etcétera… pasumecha.
Sin duda otro de los síntomas del fondo gris de doña Blanca es la autorización para que en el dizque “Jardín del Arte” —un micro pulmón de la ciudad— lo utilicen para hacer macro reventones musicales; con lo cual no sólo hacen pomada el casi seco laguito, sino que el pasto termina lleno de colillas y de cajas de cerveza, además de que destrozan los pocos y raquíticos árboles del lugar.
Ahora, quisiera saber qué haría doña Blanca, si además de no dejarla dormir durante toda la noche por el maldito y enfermizo escándalo, dos o tres gañanes usaran la pared de su hogar de mingitorio y que los “franeleros” no la dejaran estacionar su auto frente a su propia casa si no les da veinte o treinta pesos (a pesar de que todo esto está prohibido por la ley)… ¿Qué haría doña Blanca? ¿Lo permitirían?...
Ahí está la falsedad: ¿Por qué razón los ciudadanos que les damos el voto y nuestra confianza a los políticos valemos punto menos que un redomado cacahuate? ¿Por qué? ¿Por qué?
¿De qué privilegio gozan los políticos, donde está su compromiso moral y cívico, en qué coladera tiraron sus patrióticos juramentos?
Yo me pregunto si doña Blanca ha tenido que tragar camote, ponerse tapones en las orejas, encerrase en el baño o casi morir por la ingestión de productos medicamentosos para dormir gracias a que nadie, ningún político, ninguna autoridad ha tenido los calzones para reglamentar el ruido…
Quizá porque los “antros” dejan grandes “mordidas” en cada autorización, no lo sé, ni tampoco lo comprendo… Y esto es peor en las Cholulas; allá, por las noches, reina la ley de la selva, una absurda competencia para descubrir qué “antro” hace más escándalo hasta altas horas de la noche sin que nadie diga nada.
De lo poco que aplaudí a Doger fue el haberse amachinado en no permitir que los “antros” permanecieran abiertos hasta más tarde, a pesar de que los millonarios dueños de los lugares —que obviamente no duermen ni remotamente cerca de sus “antros”— alegaban tener derecho al trabajo.
El respeto al derecho ajeno se lo pasan por las carteras de… A pesar de que el derecho ajeno termina donde empieza el mío y el tuyo, lectora, lector querido.
Doña Blanca, aun está a tiempo, el color gris no le va.
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